Un mundo en la central

¿Has ido a la central de abastos? Si la respuesta es afirmativa podrás entender todo lo que vendrá a continuación, si la respuesta fue negativa conocerás un nuevo mundo a través de mis palabras. Porque no exagero, es un universo escondido entre la ciudad, a los que pocos acuden por flojera, porque está demasiado lleno, o por la supuesta inseguridad del lugar.

Para empezar, créeme, si vas no morirás. Evidentemente tienes que tener tus cuidados, pero siempre recuerda que la gente en realidad lo único que intenta es comprar y vender. No hay más ciencia que eso. Pero eso sí, también debo advertirte que son ríos y ríos de personas llevando sus carros plataforma pasando entre los pasillos, que todo parece un laberinto entre tantos caminos diferentes a seguir, y que jamás encontrarás un lugar que esté sin ruido. Hay gritos, murmullos, risas, reclamos, todo se vuelve uno solo, un solo golpe de ruido que te aturde en un inicio.

También nadarás entre espaldas, a veces entre empujones, y necesitarás de una seguridad para ir a cada puesto y pedir que te den lo que deseas. Sin embargo, hay una variedad de colores que no solo le da un dinamismo visual, sino que todo se convierte en un viaje a otro mundo. Los olores, los colores de las frutas y verduras, de la carne, de las personas que ahí van.

Si cierras los ojos oirás las ruedas del carro plataforma cargando kilos y kilos de comida, a una persona jalando éste, a otros individuos tratando de no ser atropellados, y todo se vuelve un poco irreal. Si preguntas, los vendedores serán las personas más amables y te explicarán de dónde vienen los productos que tienen en su plataforma móvil, qué diferencias tienen sus productos de los mercados o de Walt-Mart y tiendas de esa índole.

Es una experiencia muy padre, y conoces a los verdaderos trabajadores mexicanos. En serio te das cuenta de la importancia que un carro plataforma tiene para ellos, de los productos que venden y su trascendencia, del dolor de sus espaldas de tanto cargar costales y costales de frutas y verduras. Notas sus manos cansadas, pero sus miradas firmes de querer seguir trabajando.  Aparte de tener la frescura de los alimentos, sin ningún tipo de intermediarios (como los productos transgénicos).

Sí, es una experiencia que hará que te duelan los pies de tanto caminar, pero que tendrás miles de beneficios. Desde ayudar a la producción mexicana, hasta entrar a un universo encerrado entre los límites de la ciudad. Pon en los comentarios si has ido a la central de abastos, y cuál ha sido tu experiencia. Muchas gracias y, ¡hasta la próxima!

 

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