La historia de un paje [Aquí]

Hola a todos los que están visitando mi blog. A los viejos acompañantes que han seguido mi trayectoria, y a los nuevos que apenas están conociéndome. Les aseguro que no se sentirán defraudados, y cada recomendación que aquí se hace sirve para algo o para alguien. ¡Así que comencemos!

La elección de los vestidos para pajes es otra de las decisiones que las parejas que están contrayendo matrimonio deben contemplar. Muchos de ellos —quienes invitan a los niños al festejo— ponen a los más pequeños como pajes que tiren pétalos de rosas, o lleven las sortijas. Esto, indudablemente, provoca un suspiro generalizado en todos los invitados. Puesto que la ternura natural de los niños es inevitable, y más cuando éstos están ataviados con sus vestidos de princesas, sus coronas, o demás aditamentos que se emplean normalmente.

vestidos-para-pajes

Es un poco difícil trabajar con niños, pero de que se ven hermosos, eso nadie lo puede dudar. Por ejemplo, en mi caso pasó que cuando era niña, nos pusieron a mí y a mis primas a ser pajes. Nos veíamos hermosas, sin exagerar. Estábamos arregladas con vestidos de gasa rosa oscuro, unas coronas hechas de flores, y unas complicadas trenzas en nuestros peinados. Llevábamos unas canastas llenas de pétalos, lo cual fue muy divertido. Cada una de nosotras nos sentíamos como princesas de Disney. Sin embargo, lo que no se pudo prever o controlar fue que las cuatro estábamos demasiado emocionadas por haber sido momentáneamente el centro de atención, al menos en los ojos de nuestros padres.

Esa emoción infantil irrefrenable terminó encausándose que, en el primer baile de pareja casada, a nosotras se nos ocurrió acompañarlos mientras bailoteábamos en círculos alrededor de ellos. Por supuesto, todos los presentes estaban hinchados de ternura, se reían, nos veían con gracia, pero le quitamos el protagonismo a los que se estaban casando, lo cual tardaron mucho tiempo en perdonarlo. Nuestros padres no sabían qué hacer, puesto que si se paraban el espectáculo se iba a hacer aún más grande, por ende, solamente nos hacían señas que nosotras ni siquiera veíamos. Solamente corríamos, nos movíamos, nos reíamos a carcajadas sin conocer lo que la imprudencia era.

Siempre se debe tener cuidado, pero no se puede negar que un paje siempre le dará la ternura necesaria al evento y la dosis de anécdotas que algún día verás con diversión. Nosotras conseguimos nuestros vestidos en Bebela, y realmente sí nos veíamos como sacadas de un cuento de hadas, unas muy imprudentes, pero no por ello menos hermosas.

Deja un comentario en la parte inferior de la página si te pareció interesante esta información y te responderé enseguida. Por favor, comparte con todos tus amigos en tus redes sociales si crees que a ellos les puede interesar o servir. Muchísimas gracias por leerme, y no olvides estar al pendiente de la información que estaré trayendo para ti. ¡Hasta la próxima!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *